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¿Qué nos garantiza una futura relación saludable, funcional y estable? Parte I:

Saludos nuevamente y bendiciones!,

Por este medio he querido compartirles algunas ideas para iniciar una futura relación de pareja saludable, funcional y estable, como lleva por título esta publicación. Hacía bastante tiempo deseaba que esto fuera posible, pero conllevó tiempo de búsqueda, estudio, análisis y aplicación propia. Y sin más espera, les comparto oficialmente la primera parte de lo prometido.

Creo en las relaciones que fluyen, que no fuerzan nada, que no apresuran las cosas y que se abren a la posibilidad de descubrir con el tiempo que se ha podido construir una relación saludable, funcional y estable sin presiones y sin la necesidad de haber planificado alguna vez las cosas.

Todavía el orden tradicional y social nos nos ha podido garantizar relaciones funcionales. Según este orden, el hombre es quien siempre debe tomar la iniciativa. Él es el único que debe arriesgarse al rechazo de otra persona. El único que debe saber cómo enamorar, el único en ser detallista en la relación, el que visita a la casa, el único que debería buscar o planificar un encuentro, el único que debería agotar todos sus recursos sólo par satisfacer los deseos y los caprichos egoístas de la otra persona, el único que debería reprimir sus sentimientos para demostrar “la fuerza de hombre”, el único que no puede ganarse o exigir el respeto, el único que debe ser culpable y responsable si la relación fracasa, etc. Lo único que este orden nos sigue garantizando son hombres cada vez más incrédulos y hastiados. Esto no solo ha sido así por los fracasos que ellos han tenido que sufrir por tener que seguir este orden implementado, sino que también ha sido por la insensibilidad, la indiferencia y la inseguridad de nosotras las mujeres.

Las personas que se están conociendo deberían aprender a disfrutar todas las etapas de la relación sin miedo a ser desilusionados y lastimados. Disfrutar verdaderamente de una relación no es solo cuando dejan de seguir el orden tradicional, sino cuando también dejan de creer que la solución o la mejor forma de auto protegerse es evitando enamorarse, ocultando los sentimientos, comportándose como personas frías o terminar huyendo de todas las relaciones. La solución o la mejor forma de auto protegerse es siendo pacientes y escogiendo vivir el día a día libres del miedo al futuro, de las subestimaciones y de pensamientos o actitudes pesimistas. Esto no quiere decir que no estemos preparados para cualquier acontecimiento en el futuro, simplemente es que se pueda disfrutar de una relación sin complicaciones. Para que esto sea posible, nuestros sentimientos deben estar siempre equilibrados. Es decir, no ilusionarse tan rápido ni comportarse tan fríamente al punto de levantar un muro entre sí y la otra persona. Cuando se levanta un muro es imposible que una relación crezca con el trabajo y esfuerzo recíproco y es también abstenerse a la posibilidad de una posible relación saludable, funcional y estable. La mayoría de las veces lo que tememos se hace realidad, porque lo atraemos con nuestros pensamientos. Nuestros miedos crecen y se fortalecen en nuestras mentes. Y todo lo que crece y se fortalece en la mete nos lleva a accionar unas veces conscientemente y otras inconscientemente. Mientras esos miedos existan en nuestras mentes, nunca estaremos preparados para iniciar una nueva relación. Todos enfrentamos el miedo a lo incierto y a los cambios de la vida, pero nuestras emociones ante ello nunca deberían conducirnos en las decisiones de la misma, porque las emociones son inestables. Hoy emocionalmente podemos sentirnos de una forma y mañana de otra muy diferente. Los temores son raíces que crecieron por eventos que marcaron e impactaron alguna vez nuestras vidas de manera significativa. Esas raíces son arrancadas cuando recuperamos, cuantas veces sea necesario, la seguridad y la confianza en nosotros mismos, en las demás personas y sobretodo en Dios. El pasado solo debería convertirse en nuestro maestro y no en el amo de nuestras emociones. Simplemente las emociones podrían afectar negativamente un futuro de grandes oportunidades y posibilidades. Nos convertimos en personas maduras cuando podemos controlar los impulsos de nuestras emociones. Por lo que, si esperamos que nuestras relaciones sean saludables, funcionales y estables, éstas no deberían ser guiadas por nuestras emociones. Los únicos que podemos garantizar relaciones saludables, funcionales y estables, somos nosotros mismos. No así los estereotipos creados por la sociedad, las experiencias del pasado o nuestras mismas emociones. Concluyo esta primera parte haciéndote las siguientes preguntas: ¿Verdaderamente deseas esta vez una la relación saludable, funcional y estable?, ¿Te cansaste de fracasar una y otra vez?, entonces no escuches a tus emociones, porque las emociones son inestables. Mientras continúes siguiendo a tus emociones, todas tus relaciones y todo lo demás en tu vida será igual de inestable.

Nota importante:

Como ya saben, me di a la tarea de buscar muchísima información y de recoger también distintas opiniones de algunos de mis colegas. Por lo que, no todas las ideas son propias. Pero sí desarrolladas y adaptadas a mi propio análisis.

“Me había perdido a mí misma, pero me ayudaron a encontrarme.”

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Antes que todo, por ser esta la primera vez que comparto mis ideas con ustedes y por lo que respecta a este tema sobre la identidad, me presentaré. Mi nombre es Dianne Eilen, tengo 24 años de edad, soy puertorriqueña, estudiante de maestría en consejería pastoral y seguidora de Jesucristo. Oro para que mientras respondo a la encomienda de Dios de compartirles lo que Él me ha enseñado, sus vidas puedan ser edificadas y transformadas por el poder de su Espíritu Santo.

Comenzaremos por explicar la razón del tema. “Me había perdido a mí misma, pero me ayudaron a encontrarme”, surge a través de uno de los eventos más difíciles en mi vida. No podía entender nada hasta que el Espíritu Santo me llevó al desierto. La realidad es que era necesario para enseñarme todo lo que les estaré compartiendo ahora. El desierto del que les estaré hablando no es un lugar literal, se trata de una la ilustración representativa acerca de un lugar difícil de atravesar para quienes nunca se han adaptado para poder soportar sus condiciones. Según las descripciones de un desierto es que existen varios tipos de estos, que las condiciones atmosféricas son extremas, algunos son despoblados, entre otras cosas. Sin embargo, como no soy experta en el tema así como tampoco hablaremos sobre el lugar, sino sobre lo que vivimos allí, continuaremos. Ahora bien, creo que te estarás preguntando qué tiene que ver el desierto con la identidad, y la verdad es que tiene que ver muchísimo. Por lo que, paso a paso lo estaremos comprendiendo. Los textos bíblicos que sustentan esta enseñanza se encuentran en Mateo 3:16, 4:1, 4:10 y 4:14-17.

Mateo 3:16: Cuando Jesús salió del agua, vio que el cielo se abría y que el Espíritu de Dios bajaba sobre él en forma de paloma.

Es por las fuerzas del Espíritu Santo:

Antes de que Jesús viajara hacia el desierto, el Espíritu de Dios descendió sobre él. ¿Por qué este evento ocurrió antes de la entrada al desierto?, porque a pesar de que Jesús era Dios se había hecho carne así como nosotros. Él sabía a lo que humanamente estaría expuesto y a lo que tendría que soportar en ese lugar, por eso El Espíritu Santo vino a ejercer su función sobre Él primero. Y a partir de aquí nos detendremos para hacer un paréntesis, muchas personas tristemente no han podido conocer quién es el Espíritu Santo y quién representa en nuestras vidas. Solo han podido ver sus manifestaciones, pero no han podido relacionarse con Él para así poderlo conocer y reconocer en sus vidas. El Espíritu Santo es nuestro paracleto (consolador, ayudador, defensor, intercesor, consejero, guía, revelador, testigo y amigo fiel) y representa la misma presencia de Dios en nuestras vidas. Cerrando el paréntesis, Dios conocía a lo que nosotros estaríamos expuestos, por lo que también nos ha permitido recibir la promesa de su Espíritu Santo para que a través de sus fuerzas pudiéramos afrontar todo. Intenta orar pidiendo su ayuda y confía en Él, te sorprenderá. Comienza a relacionarte con Él y reconoce que las fuerzas humanas no son suficientes. Hazte sensible a su voz y entrégale todo (tu vida, tu corazón, tu mente, tus debilidades, tus preocupaciones, tus deseos, tus seres amados, tus finanzas, todo en lo absoluto). Quizás podrás identificarte mejor conmigo luego de que te comparta lo siguiente. Después de haber desobedecido a Dios me alejé por la vergüenza y la culpabilidad. Así viví por muchos años, añorando volver a ese primer amor, a sentir su presencia y a escuchar su voz como antes. Él nunca me había abandonado, pero yo no podía reconocerlo. Como me había sentido así por tantos años, deseando que existiera una maquina del tiempo para evitar muchas cosas, me había frustrado y desanimado. Como la vergüenza y la culpa me impedían orar como antes, había dejado de vivir en su plenitud para comenzar a sobrevivir. No sabía que yo misma estaba haciéndolo todo más complicado, que mientras dejaba de orar también estaba dejando de depender de las fuerzas que solo su Espíritu Santo me podía dar. Todo esto puede llegar a convertirse en una lamentable crisis en la que nos volvemos insensibles a su Espíritu dejando de reconocerle en nuestras vidas y por eso desobedecemos más, cometemos más errores, sufrimos más y nos apartamos cada vez más. Vivía así hasta que el Espíritu Santo me trajo al desierto. Como solo podía encontrar su Espíritu allí, comencé a orar más, a relacionarme más con Él y a reconocerlo nuevamente en mi vida. Entendí que no podía sobrevivir más sin su presencia, sin sus fuerzas, sin su Espíritu y sin la oración. Lo primero que me enseñó fue que debía perdonarme a mí misma y a recibir su perdón. Había sobrevivido y sufrido muchos años así sin necesidad alguna, todo porque me sentía tan culpable que si yo misma no podía perdonarme, cómo entonces podía recibir su perdón y acercarme a Él nuevamente. ¿Qué más bien nos quiere enseñar Dios con todo esto?, que como Jesús debemos depender de las fuerzas de su Espíritu Santo en todo tiempo y para todo y que por nada dejemos de acercarnos a Él a través de la oración, porque ésta es la única forma en la que podemos comunicarnos y relacionarnos con Él. Si oramos dependeremos de su fuerzas y de su poder. Pero para depender de sus fuerzas y de su poder primero debemos orar para reencontrarnos con su Espíritu Santo. Usted me entiende, existen otras formas de buscar su presencia y escuchar su voz, pero la oración nunca debería sustituirse.

Mateo 4:1: Luego el Espíritu de Dios llevó a Jesús al desierto, para que el diablo tratara de hacerlo caer en sus trampas.

¿Para qué el Espíritu Santo nos lleva al desierto? 

Si podemos analizar este texto bíblico, podremos entender que Jesús no fue solo al desierto, dice que el mismo Espíritu de Dios lo llevó allá para que el diablo tratara de hacerlo caer en sus trampas. Es decir, lo llevó con un propósito. Jesús debía estar preparado antes de cumplir con su ministerio aquí en la tierra. ¿Se ha preguntado alguna vez por qué el bautismo del Espíritu fue antes que el ministerio poderoso de Jesús y antes de los ministerios de sus apóstoles? Porque solo a través de las fuerzas, el poder y la manifestación del Espíritu Santo podían ocurrir los milagros más grandiosos y sorprendentes de todos los tiempos. Así mismo sucederá con nosotros. Dios no nos envía al desierto para amistarnos con la soledad o para que desfallezcamos en él. Dicho esto amado (a) del Señor, pídale a Dios que le ayude a identificar bien el lugar donde se encuentra ahora. Cuando el Espíritu Santo lleva al desierto es para formar los ministerios más poderosos. Es cierto, es difícil de atravesar, pero nos prepara. ¿Quién además del Espíritu Santo y el Padre acompañaron a Jesús al desierto para ayudarle y alentarle?, nadie. Antes de que Dios nos envíe a cumplir con un ministerio, debemos de aprender a depender únicamente de su Espíritu Santo, no de la ayuda del hombre ni de nuestras propias fuerzas. Un ministerio poderoso no podría surgir separados de Él.

Mateo 4:10:  Jesús le respondió: Vete de aquí, Satanás, porque la Biblia dice: “Adoren a Dios y obedézcanlo sólo a él”

En el desierto reconoceremos nuestra verdadera identidad: 

Esa fue la última respuesta que Jesús dio al diablo en el desierto. Después que el diablo trató de tentar a Jesús para que le adorara, Jesús se identificó a sí mismo como Dios. El diablo no había desistido hasta que Jesús reconoció su identidad declarando que a quien estaba tratando de tentar para que le adorara era al mismo Dios a quien único se adora y obedece. En el desierto aprendemos a depender del Espíritu Santo y a reconocer que sin Él nada grande ni poderoso podremos hacer, nada. Es a partir de ese momento cuando reconocemos que los méritos y la gloria le pertenecen solo a Dios. Nunca deberíamos creer que sin la ayuda, las fuerzas y el poder del Espíritu Santo podremos ver huir al diablo. El diablo no huye cuando le declaramos la guerra, él huye cuando usted no se deja vencer por lo malo, eso significa la resistencia. Jesús no le declaró la guerra, lo que sí hizo fue reconocer su identidad y obedecer a su Padre resistiéndose al mal. ¿Cómo nosotros no nos dejaremos vencer por lo malo?, es por medio de Jesucristo que seremos más que vencedores, véase Romanos 8: 37. Después de reconocer que es por medio de Jesucristo que venceremos el mal, lo único que sí se nos pide que hagamos es obedecer a Dios, véase también Santiago 4:7. ¿Hasta este punto, cuál es entonces nuestra verdadera identidad?, según Romanos 8: 29-39, somos hijos (as) de Dios, sus amados (as) y sus escogidos (as) por lo que nada ni nadie podrá estar en nuestra contra. Fuimos hechos a la imagen y semejanza de Dios de acuerdo con Génesis 1: 26-27. Somos lo más amado, preciado, valioso, hermoso e importante para Dios. ¿Cómo no sentirnos privilegiados y agradecidos por ello? Si para Dios significamos tanto que hasta ofreció la vida de su propio hijo Jesús y se entregó a sí mismo por amor a nosotros según Juan 3:16, ¿por qué entonces deberíamos despreciarnos? Cuando aceptemos esta gran verdad en nuestra vida y reconozcamos nuestra identidad, no solo veremos huir al diablo, sino que también podremos estar preparados para comenzar nuestro ministerio. El diablo conoce quiénes somos en Dios, el problema esta cuando nosotros no reconocemos esa identidad. Después de que Jesús reconoció su identidad y obedeció a su Padre resistiéndose al mal, comenzó el más poderoso y grande ministerio de todos los tiempos. Luego de haber iniciado su ministerio no tuvo la necesidad de demostrarle a las personas quién era él, el mismo Espíritu Santo daba testimonio de él, las personas lo reconocían y seguían. No es necesario que vivamos demostrando o aparentando a otras personas quiénes somos, debemos recordar que es el Espíritu Santo quien también dará testimonio sobre nosotros.

Mateo 4:14-17: Así se cumplió lo que Dios había dicho por medio del profeta Isaías, cuando escribió: «Escucha, tierra de Zabulón, que estás cerca del gran mar; escucha, tierra de Neftalí, que estás al oeste del río Jordán; escucha tú, Galilea, tierra de extranjeros. Aunque tu gente viva en la oscuridad,verá una gran luz. Una luz alumbrará a los que vivan en sombra de muerte.» Desde entonces, Jesús comenzó a decirles a todos: «Vuélvanse a Dios, porque su reino se va a establecer aquí». 

¿Qué Dios ha dicho de ti?

Cuando Jesús ya había culminado los cuarenta días y las cuarenta noches en el desierto, se cumplió entonces lo que Dios había dicho de él. Comenzó su ministerio aquí en la tierra. Jesucristo vino a ser esa gran luz que alumbraría las sombras de muerte de estas regiones. Dios había dicho de Jesús que venía a ser la luz del mundo, la verdad, el camino, la vida, el agua y el pan de vida, el primogénito, el gran sumo sacerdote, el mediador entre Dios y los hombres, el deseado de las naciones, el salvador, el príncipe de paz, el Rey de reyes, el Señor de señores, el alfa, la omega, el principio y el fin. Que impresionante y admirable es nuestro amado Señor. Finalmente, ¿Qué Dios ha dicho de ti?, ¿Qué ha dicho que harías en su nombre?, ¿Qué te ha llamado hacer?, ¿Cuál es tu ministerio? y ¿Qué dones y talentos puso en tus manos?. Debemos de atravesar el desierto primero para que Espíritu Santo nos revele lo que vendrá después. Cuando el Espíritu Santo nos revele lo que vendrá después, ya no andaremos perdidos en la vida, porque Él nos ayudará a encontrarnos. Encontraremos cuál es el propósito de Dios para nuestras vidas y el Espíritu Santo nos ayudará a cumplirlo.